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La edad y la ropa interior

 

Siempre he escuchado la frase de que la ropa interior no tiene una edad determinada. Cualquier mujer puede utilizar una tanga, forma y calzones que quiera, pero siempre está la percepción de que los calzones grandes son mata-pasiones y solo son utilizados por las abuelitas. Bastante contradictorio, ¿no creen?

A mis 15 años odiaba utilizar calzones que se marcaban o se notaran bajo los jeans de moda. Estos eran super pegados, bota campana y bastantes descaderados con el fin de levantar la cola y generar un efecto de realce. En esa época optaba por utilizar tangas sin importar la comodidad, pues para mi comodidad era que no se notaran y pararme en una esquina con una amiga que me tapara para sacar “el perro” cuando los calzones se metían haciendo que caminar fuera la peor tortura.

Los materiales me importaban muy poco, tenía tangas de malla transparentes, de encajes, otras en algodón con pingüinitos estampados, negras, otras con un material deportivo y con cauchos de contorno que apretaban acentuando gorditos que ni existían. Escuchaba a mi mamá diciéndome que no había nada peor que las tangas, que generaban infecciones y que al menos buscara comprarlas de algodón. Pero poco me importaba. En esa época solo dejaba para mis días de mujer, los calzones grandes atrás de florecitas y panteras rosas estampadas, de corte bikini (delgados en el contorno, pero grades atrás (como los noventeros de Guardianes de la Bahía, pero de corte dosmilero: super descaderados.

Con el tiempo y viviendo fuera del país fui descubriendo marcas de ropa interior que permitían armar conjuntos del mismo color, marcas de brasieres que parecían vestidos de baño, imposibles de encontrar en Colombia. Absurdo pensarlo así, pero era verdad, mucha de esa materia prima era creada en Colombia y exportada para ser maquilada en países asiáticos y luego vendida en Estados Unidos o Canadá. Y obvio, nosotros dispuestos a pagar 3 veces el precio en nuestros viajes en lugar de apoyar la industria nacional donde la confección es de las mejores del mundo.

De esta forma fui descubriendo los hípster que reemplazaron a esos bikinis, los brazilian que eran lo que hoy en día son los famosos cacheteros y poco a poco fui dejando las tangas. Me di cuenta que con las primeras citas al ginecólogo siempre me recalcaba que debía dejar las tangas y solo debía usar algodón. Empecé a hacer caso y mi vida cambio por total comodidad.

Siempre he sido muy caderona y nalgona, a veces acomplejada pues siento que los calzones de tiro alto hacen que se me vea aún más grande mi parte trasera. Sin embargo, con el tiempo y la moda me ha permitido descubrir un nuevo confort y amor por la ropa interior de corte a la cintura pues hace que la cola se vea aún más redondita, y lo mejor de todo no saca ningún gordo, preservando de la mejor forma las curvas del cuerpo femenino.

 

Dani

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